Otro milagro de la primavera…

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La primavera se resigna a marcharse de las costas mallorquinas, un día de sol, un día de lluvia, cielos azules y noches frías. La primavera que tantos poemas ha hecho crecer como tantas flores, ideas, sonrisas. Para los escritores, que pocos pretextos necesitamos para crear, es ante todo, el asomo de una temporada nueva, con sus colores que todo llenan, árboles florecientes y personas que vuelven a salir a tomar algo, hacer deporte, conectar con la naturaleza y con  otras personas.

En estos días, que también se hacen propicios para la reflexión y el escuchar a ese yo que a veces se queda afónico de tanto hablar sin que le escuchemos, he pensado en lo feliz que soy desde la simplicidad, desde la contemplación de las cosas sencillas, de la belleza que tienen esas cosas, de las tantas veces que pasamos de largo sin reparar en las maravillas que tenemos alrededor: el color del mar, su plenitud, el cielo, las flores que asoman en balcones y caminos, en la poesía que nace en todas partes, en la gente poesía, que sin saberlo son un poema, en los ojos que miran y las manos que aprietan otras manos. En la voz de la gente que amamos, nuestra familia, los amigos, las noticias que llegan desde la tierra amada y de esta que amamos también. Y es que es cuestión del color con que se mire la vida, de lo que hagamos frente al lienzo que cada día asoma a nuestros ojos. Es cuestión de parar, de parar de correr, de parar de postergar, de permitirnos disfrutar del aire, de los sabores, las texturas de las sábanas y las pieles, del regalo de oler, de ver, de poder usar la voz para decir palabras hermosas y la gratitud infinita a dios y al universo por ser parte de esta magnífica estación que dará paso a otra igual de bella y otra y otra, mientras nosotros dejamos que hable esa voz interior que nos anima a buscar otros milagros, el de la simplicidad y la contemplación, el de no dejar que te paren, el milagro de hacer y de ser, de saber y de usar este cerebro fabricante de utopías para hacer algo bueno cada día.

Y a propósito de esta introducción, casi discurso, les quiero compartir un poema del maravilloso Antonio Machado, que esperaba ese milagro …

 ” A UN OLMO SECO”

 Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
lle mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

 

3 comentarios en “Otro milagro de la primavera…

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