Miguel Ángel Salvó Reyes: “hay otra forma de ser exitoso y tiene que ver con una filosofía de vida”

Estimadas personas:

Nos place compartir le entrevista realizada por la escritora Rosa María Batista al pintor y amigo del Proyecto Rosa del Desierto Miguel Ángel Salvó Reyes,  artista de la plástica cubano radicado en Mallorca, España

Un abrazo poético y hasta la próxima!

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¿Polémico, conservador o postmoderno?

Miguel Salvó: Mi trabajo era bastante polémico en Cuba, porque nadie con dos dedos de frente llegó a creerse que tenía un interés simplemente retiniano, sino ideológico. Yo siempre he trabajado desde la idea que la pintura es fundamentalmente un metalenguaje, pero aquellas acumulaciones erráticas de textos venidos del Muralismo y el Realismo Socialista y la Historia, en los días en que se hacían grandes obras pictóricas en las tribunas a las que se llamaban “murales” podían ser de todo menos ingenuas.

Actualmente sigue siendo polémico, porque lo que quiero es hacer arte cristiano, y nada ha sido ni será más polémico que el Cristianismo. Es algo contra lo que todo el mundo cree tener un buen criterio, pero nadie lo tiene, porque es una religión que no puede ir más allá de la vida de su fundador, que fue perfecta. Una cosa es el Cristianismo y otra lo que el hombre ha edificado muchas veces en su nombre. Es un golpe demoledor al ego de una criatura efímera de polvo amasado.

Tu obra ha fluctuado por etapas diversas, ¿consideras que esa transformación es el resultado de las etapas de tu vida o crees que el artista y el hombre expresan sus individualidades por separado?

Miguel Salvó: Mi obra no es autorreferencial, mucho menos intimista, aunque tampoco es fría e impersonal. Decía Jesús de Armas en un artículo aparecido en Arte Cubano que en mi pintura hay pasión, y es cierto, pasión por la pintura misma y por los temas. A mí me interesa promover la reflexión en torno al hecho de pintar y a una serie de significados que arrastra desde antiguo: como tradición, temas religiosos, históricos, políticos etc. Y estoy comprometido con tales cosas, soy ajeno a ese cinismo relativista contemporáneo que lo impregna todo. Pero no entiendo la creación como una cuestión de inspiración, sino como investigación, como transmisión de una filosofía sobre el arte y la vida. Ahora bien, no todo discurre conscientemente.

Uno de los rastros más fiables que siguen los conocedores que asesoran museos y coleccionistas respecto a la autoría de una obra, es la caligrafía que supone cada pincelada. Si a esos niveles, relacionados con el impulso más primario del acto pictórico, esa obsesión por conseguir una superficie, se puede atisbar una personalidad, cuánto más en el análisis de las diversas etapas, que traducen los desvelos de cada momento.

En Cuba, Miguel Ángel Salvó, es un pintor reconocido y respetable, ¿por qué decides empezar otra vida fuera de Cuba y hasta dónde el ser humano fue capaz de sacrificar el artista?

Miguel Salvó: Esto te parecerá increíble, pero es cierto: mi esposa y yo llegamos a comprar los pasajes de regreso a Cuba, pero tuvimos la certeza de que Dios nos mandaba a quedarnos. Yo le pedí una confirmación sobre su voluntad respecto a eso, arrodillado en el baño de la iglesia, cuando ya no habría otra reunión antes de que nos fuéramos. El predicador estuvo todo el tiempo hablando sin saber para quién acerca de que Dios lo había mandado a escribir de madrugada aquel mensaje que giraba en torno a quedarse, a no regresar al país de uno. No hizo falta nada más. Adiós familia, país, carrera, todo. Sin dudas lo volveríamos a hacer.

¿Desde cuándo supiste que serías pintor?

Miguel Salvó: Como casi todos, desde pequeño supe que quería ser pintor. Mi madre era profesora de Literatura Española y a mí me apasionaba leer las notas de Martí sobre Vereschaguin, Fortuny, Goya y otros pintores. Por eso muy temprano preferí que me regalara libros de arte que juguetes. No paraba de dibujar y entré a un Círculo de Interés de Artes Plásticas en la Casa de Cultura de Holguín. Desde entonces comencé a meterme a todas horas a El Alba. Era muy conocido allí mucho antes de estudiar Arte.

Te sabemos discípulo de uno de los grandes maestros de la pintura cubana contemporánea, Cosme Proenza. ¿Cómo llegó Salvó a la escuela de Cosme? ¿Cómo llegó Cosme a Salvó?

Miguel Salvó: La primera vez que vi a Cosme fue en las pruebas de pase de nivel en la Vocacional de Artes. Él no reparó en mí, sino en Ernesto Ferriol, que era un genio. No era mucho lo que sabía de Cosme. Había algunos cuadros suyos grandísimos en varias instituciones de Holguín. Recuerdo a unos profesores que decían que tenía una mano brutal y que estaba al regresar de la URSS.

Ese día que estuvo en la Vocacional, hizo algunas atrocidades como mirar a una modelo, darle la espalda y pintarla perfectamente, pero eso no lo vi yo. Me iban llegando voces por aquí y por allá.

Cuando entré a Nivel Medio vino el golpe de una exposición de dibujos hechos en Kiev. Nunca había visto nada parecido. Antes de esa exposición, Ferriol me llevó a la puerta de un aula donde él daba clases y me hizo mirar por un hueco. Había un dibujo grande de una mujer desnuda y casi me da un infarto. Decidí que tenía que ganarme su amistad. No me atrevía a hablarle, pero entraba a su clase y me acostaba en el suelo. Cosme pasaba, me miraba, seguía fumando su cachimbita y nunca me dijo nada. Sus alumnos comenzaron a visitarlo. Yo era muy amigo de Alexis Pantoja y otros que iban soltando prendas de lo que había en la casa del maestro. Mi oportunidad llegó gracias a Ela Tenreiro, que se acercó a mí un día para decirme que a Cosme le había gustado un homenaje a Picasso que había expuesto en El Alba. Yo no me peinaba y tenía una cascada enorme de pelo rojo desparramada por todos lados. Me dio un peine y me dijo: los pintores también se peinan. Fui al baño a peinarme y me eché a llorar. Poco después pude ir finalmente con Ferriol y otros melenudos descerebrados a aquel piso inolvidable del Reparto de los rusos. Entrar allí era ir muy lejos para un cubanito de provincia y para cualquiera. Yo, que fluía a duras penas entre los bostezos de la fauna caribeña, más bien pirado hacia biografías de los clásicos, lo viví con todo el arrobamiento de una fuga hacia lo áureo. Era viajar al taller de Rubens. Cosme y Ela hablaban en ruso, escuchaban música clásica, y todo lo ordinario se difuminaba en las volutas de humo de un samovar. Es de lo mejor que me ha pasado en la vida. Todos los domingos íbamos un grupo creciente de comebolas a esperar que despertaran en casa del maestro. Mirábamos bajo la puerta a cada rato a ver si había luz. No sé cómo nos toleraban. Había nacido la escuelita cosmiana.

 En tu etapa de estudiante en la Academia de Artes Plásticas, hay anécdotas muy interesantes, un muchacho talentoso con una imagen bohemia, que quería aprender y triunfar desde la irreverencia y la ruptura con todo aquello que no correspondiera a su concepto de artista, ¿cómo recuerda el Salvó de hoy a ese chico, ¿cuánto ha cambiado tu percepción de ser artista?

Miguel Salvó: Creo que a nadie que me conozca, le cabrá la menor duda de que soy una persona bastante extraña. Yo mismo no tengo del todo claro por qué hago y digo muchas cosas. Obviamente me divierte hacer el ridículo y actualmente es una forma de poder relacionarme con amigos de todo tipo quitándole carga a la sobrevaloración que se hace muchas veces de los artistas por la gente sencilla, y a la pose y la vanidad que hay que mantener para fluir entre algunos colegas. Prefiero pasar por tonto, no tengo que demostrarle nada a nadie.

Pero no comencé a comportarme así en mi adolescencia por condescendencia o porque me gustase lo suficiente como para asumir mis cursilerías y mediocridades, como ahora, sino por todo lo contrario.

Me ha costado media vida aceptarme físicamente y me monté el personaje del loquito de la mata de coco para caer bien. Por otro lado, desde mi niñez leía muchas biografías de grandes artistas y me metía en relaciones delirantes con ellos. La mezcla del loquito de la mata de coco con el geniecillo fue letal. Desde luego, historias mías hay por miles y casi todas ciertas.

De todo eso lo que queda es el amor por el arte y el humor, porque el loco tropical del pelo rojo con el tiempo se fue haciendo notorio sobre todo por su trabajo y fue quedando atrás aquel animalito adorable y brotando un ser bastante despiadado al que sólo Cristo pudo contener.

 

E tiempos de guerra pág. 71

Si tuvieras que elegir tres momentos en tu obra para salvar en la memoria de la historia del arte, ¿cuáles serían?

Miguel Salvó: Mi obra probablemente será recordada en Holguín, aunque puede decirse que soy conocido un poco más allá y también más acá. Holguín es el único lugar del mundo donde me he sentido bien, donde quisiera vivir y morir, por tanto, es bastante para mí que se me tenga como alguien que ha hecho un aporte a su cultura. Me emociona ver que muchos jóvenes siguen mi trabajo. Ahora bien, hablando por hablar, creo que hice cosas muy interesantes, que me representan bien en el ISA y poco después, cuando pinté unas piezas enormes sobre papel manufacturado. Después de eso creo que lo mejor fueron unas obras que realicé aquí en Mallorca donde me abrí al dibujo neoexpresionista, a planimetrías deudoras del Neo Pop, a escritos marginales en la cuerda de Raymond Pettibon, en fin, a una visión más experimental y desprejuiciada de la pintura. A veces me aburro de tanto lío con la maestría tradicional. Amo tanto a Basquiat y a Segundo Planes como a los viejos maestros.

 ¿Cómo fue para ti llegar a Europa y ver con tus ojos las grandes obras de la historia de arte que solo conocías mediante libros, qué sentiste?

Miguel Salvó: Desde el año 2000 yo comencé a viajar. En Europa conocía Ámsterdam y casi toda Alemania. Mis visitas a museos entonces eran muy graciosas porque tenía que tomar pastillas de los nervios para poder estarme tranquilo. En la Isla de los Museos de Berlín, tenía locos a los que custodiaban las salas porque sentía que me daba un infarto y entraba y salía continuamente. Recuerdo un custodio que me miraba con gran preocupación y yo trataba de explicarle lo que me pasaba. Estoy seguro de que creyó que era un loco. Ellos van a los museos desde niños. Ya en España me pasó algo no menos gracioso. Siempre he estado pirado por los clásicos españoles, principalmente Velázquez, y mi mujer me regaló un viaje a Madrid con reservas para El Prado, el Reina Sofía y el Tyssen. Por supuesto me empastillé. Ella lloraba frente a los Velázquez y yo parecía un pescado en nevera. Una locura.

¿Crees en que el éxito de la pintura hoy se debe al talento o a la publicidad?

Miguel Salvó: Digámoslo de un golpe: ser exitoso es actualmente entrar y mantenerse en el mercado del arte. Vivimos los días de artistas visuales que son mega estrellas y empresarios.

Hay diversas escalas en el mercado, y hay una sensación bastante extendida de decepción con al arte contemporáneo que está en lo más alto, en museos, fundaciones etc. Se debe fundamentalmente a que muchos creadores se han radicalizado respecto a esa verdad que ha ido desarrollándose con los siglos: que la creación artística es más de naturaleza conceptual, filosófica, que factual o contemplativa.

En el caso concreto de la pintura, se ha perdido bastante el aura de lo bello, lo perfecto, lo virtuoso, aquella emoción estética de la maestría. Eso no quita que haya grandes autores que trabajen con esas nociones tradicionales, pero son minoría. La calidad de un artista hoy se mide sobre todo por su inteligencia y su ingeniosidad, no tanto por su pericia técnica. Eso hace muy complicado guiarse por criterios tales como talento, vocación, mejor, peor. Lo que está muy establecido es que lo que no discurra por lo que el mercado va ratificando como tendencia, no podrá aspirar fácilmente a los grandes espacios legitimantes. Está claro que hay muchísimas cosas que hoy son tenidas como de avanzada que tarde o temprano quedarán en el olvido, y que se recuperarán autores menos notorios, pero siempre fue así.

Creo que tu pregunta viene porque tú misma has experimentado cierta desazón mirando obras contemporáneas muy promovidas. A mí me pasa a menudo. Fui al Reina Sofía y no pude aguantar mucho tiempo en algunas salas.

Es que a mí lo que me apasiona es la pintura y es lo que busco en cuanto voy a un museo, aunque hay obras en otras plataformas que me encantan. Pocas.

La técnica pictórica fue siempre a la par del desarrollo tecnológico. La enorme explosión tecnológica que vivimos ha amenazado fuertemente a la pintura y más de una vez se ha vaticinado su fin. La han derribado, pero no han podido rematarla porque su cuerpo es muy antiguo y su carácter apropiador no conoce límites. La pintura está en constante expansión hacia otros soportes. Ciertamente el pulso del pintor actual es más con internet o los videojuegos que con la Historia del Arte. Para mí es mitad y mitad, pero no cabe duda de que el mundo se está transformando con una rapidez inusitada y no podemos encerrarnos en el taller de Rembrandt. Para bien y para mal el taller y Rembrandt, son hoy sublimes y también productos de mercado. En los días de Zurbarán mirar esos cuadros que eran como escenarios de teatros te mandaba al cielo, hoy uno puede ser sobrecogido desde casa con algún artilugio que te meta en una realidad virtual, pero real, porque mucha gente la habita más que a la realidad objetiva.

Pienso que hay otra forma de ser exitoso, y tiene que ver con una filosofía de vida: deleitarse con la creación, verla como una forma de auto conocimiento, de lucha con las propias limitaciones, de hacer expedición hacia obsesiones visuales. Esto es tremendamente ingenuo, pastoril y provinciano en este mundo pragmático. ¿Y qué?

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¿Cómo define Miguel Ángel Salvó su obra actual?

Miguel Salvó: Yo me valgo de procesos propios del acto pictórico para construir metáforas sobre cuestiones espirituales, de la tradición pictórica, históricos y políticos. Ahora estoy sobre todo partiendo de accidentes controlados que nos llevan a aquellas manchas de humedad en las paredes de las cuales sacar escenas de batallas según Leonardo. También es una inmersión en citas inmemoriales del azar dentro de la pintura que conectan a Siqueiros con Velázquez y con Zeuxis…. Esto del azar controlado me introduce en los actuales debates cosmológicos entre los que defienden el creacionismo y el materialismo. Con mi posición teísta me interesa el acto del diseño, del propósito de lo creado etc. También estoy trabajando con los pentimentos, dejando aflorar supuestos pentimentos que son trampas al ojo. Esto me habla de la censura, de la falsa rectificación de errores, del arrepentimiento como condición para llegar a Dios y sanar al hombre, a la sociedad.

Voy sacando a la superficie subtramas visuales: compositivas, figuras tachadas… Estoy haciendo cuadros inconclusos, procesuales. En fin, se trata de un ejercicio metalingüístico y tropológico sobre estas cuestiones que me preocupan y que están imbricadas en diversos significados que se han conferido a la pintura a través de los siglos.

¿Cómo valoras la creación pictórica en la Cuba de hoy?

Miguel Salvó: La verdad es que estoy bastante desinformado respecto a la pintura cubana contemporánea. Cuando estuve me dio la impresión de que hay que seguir tirando de los consagrados para continuar hablando del gran nivel de nuestro arte. Es como si Cuba fuera ya apenas el taller desde el cual producir para galerías internacionales. Me resulta atrayente las obras de Enrique Báster, Douglas Pérez y José Ángel Toirac. Estoy más al tanto del arte de la diáspora y me siguen interesando autores neobarrocos como Segundo Planes y Ciro Quintana, Julio Larraz, Alexis Esquivel y Lázaro García Medina.

¿Y en España?

Miguel Salvó: Tampoco es que tenga una visión muy abarcadora del arte español. Sigo la producción de ciertos autores que me gustan como Nacho Martín Silva, Simeón Zaíns Ruiz, Santiago Ydañez y Enrique Marty entre otros. Más me ha interesado indagar en el pensamiento de los teóricos.  También me interesa el Pop, especialmente la obra de Eduardo Arroyo.

 ¿Volverá a verse en Cuba una exposición de Salvó a gran escala?

Miguel Salvó: Desde hace dos años tengo propuestas para hacer una expo en La Habana y una en Holguín. No ha podido ser aún, pero claro, es algo que anhelo.

¿Un sueño de artista que quieras compartir con los seguidores de tu obra?

Miguel Salvó: Aspiro a que mi obra siempre traiga interrogantes acerca de la verdad, y eso genere una inquietud.

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¿Qué cosas te inspiran para pintar y en cuáles proyectos te encuentras trabajando actualmente?

Miguel Salvó: En cuanto a lo que me inspira actualmente para pintar, bueno, desde que Chanel hizo su desfile en Cuba he empezado a pintar modelos. A veces las de Chanel, y luego he ido atrás, a los días en que modelos de Dior se paseaban por la Unión Soviética. De ahí me he extendido a imágenes idílicas del socialismo que saco de mi colección de Sputniks o de sitios muy específicos de Internet, como revistas de moda de Europa del Este o autores concretos que me obsesionan como Roger Melis o Sibille Bergeman. Las contrapongo a imágenes de Cuba, fotografías tomadas por mi hermano Yoel u otras caseras, de viajeros, sin intenciones artísticas que se publican en Internet. Éstas son como borradas y emergen como falsos pentimentos.

Por otro lado, estoy yuxtaponiendo escenas de la conquista de Jaime I a Mallorca para hablar de lo contrario, de la reconquista de Occidente que vivimos. Los occidentales aparecen en mis cuadros como seres que han perdido su origen cristiano, que no podrán parar el avance islámico porque están adormecidos por el consumismo y el ocio.

Estas grandes hilvanaciones neobarrocas que voy haciendo tienen como super objetivo promover la cosmovisión cristiana. Como Soltshenitsin creía que Cristo era la esperanza de Rusia, creo yo que es la esperanza de toda la humanidad. No busco hablar de una utopía social, sino de la transformación de la mente que trae la búsqueda de la Verdad.  El gran revoltijo informativo en mi trabajo, que habla de nuestra vida a medio camino entre la realidad y lo virtual, está cuidadosamente conducido hacia lógicas de pensamiento comunes en la apologética cristiana. Soy un internauta que se ha propuesto compartir cosas inteligentes en su muro de Facebook. Pinto al mismo nivel de intenciones y en un mismo plano conceptual. Fernando Castro Flores ha dicho: ” Creo que tenemos que intentar pensar cuáles son las instantáneas epocales“. En medio de tanta confusión, de tanto maps spam, siguiendo con Fernando, esa es mi mayor obsesión. Vivimos la apoteosis Pop, y en medio de esto me gusta aplicar a mi vida y mi trabajo la expresión española:” Tener bien amueblada la cabeza”.

Actualmente estoy preparando una serie para participar en Islandarte, la primera Bienal de Arte Contemporáneo de Mallorca, en septiembre. Es una ocasión histórica en la que mi trabajo se dará a conocer con más fuerza que nunca en la isla. La galerista que me lleva, además me ha propuesto exponer con posterioridad en varios países.

¿El Salvó artista está hoy en paz y convergencia con el Salvó hombre?

Miguel Salvó: Estoy en paz con Dios y eso me hace estar en paz conmigo mismo. Pero la paz que da Cristo no tiene nada que ver con el desapego, la meditación hindú, la autoayuda y otras fórmulas que dependen del esfuerzo humano, sino con Su presencia. Es algo que sobrepasa todo entendimiento porque no depende de las circunstancias, sino de la certeza de que El Señor está a cargo de mis cosas, aunque muchas veces parezca que todo se hunde. La fe es probada, jeje, mucho más de lo que uno quisiera.

Mi trabajo está impregnado de ese estar siempre en la presencia de la Deidad y de meditar de día y de noche en Su Palabra, lo considero una forma de adoración como los pintores protestantes barrocos, sobre todo los pintores de Vanitas. Pero la creación conlleva un desasosiego propio de la búsqueda de una visualidad ideal, y un ardor que bien conocen quienes buscan el conocimiento.

¿Hacia dónde vas actualmente, a la consagración de un estilo o se avizoran otras metamorfosis en una obra que siempre nos sorprende?

Miguel Salvó: Uno de mis autores favoritos del arte contemporáneo, Raymond Pettibon, ha dicho que sabe que su obra funciona cuando hace algo que a nadie más en el planeta se le habría ocurrido. Yo intento asegurarme de esto hasta donde puedo, pero mi obra es un desafío, una prueba que me impongo de equiparar mis recursos pictóricos con los estímulos visuales de la tradición pictórica y de la contemporaneidad. Es imposible, pero esto me insufla aliento, voy desde la pintura antigua hasta los garabatos del cuaderno de apuntes, de lo velazqueño a lo transvanguardista en un mismo cuadro.

Voy a hacer hasta lo imposible por no parecerme demasiado a lo que he visto en otros, pero tampoco a lo que ya he visto de mí mismo.

Muchas gracias por la genialidad de tu obra y por compartirla con quienes te admiramos en Cuba, España y el mundo. ¡Gracias!

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